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NORMAS Y LÍMITES:

¿QUÉ SON?


Los límites se traducen en normas a la hora de llevarlas a cabo. Estos límites dan seguridad a los niños para enfrentarse al mundo. Las normas marcan la organización necesaria para una buena convivencia; a través de ellas, los niños aprenden qué está permitido y que no, y para ello es necesario saber decir "no" y mantenerlo.



¿POR QUÉ SON NECESARIOS?



Para los niños es importante sentirse seguros, una forma de conseguirlo es si en casa y en el colegio tienen normas definidas y los padres y profesores son firmes y constantes en su mantenimiento.
Debemos aprender a establecer límites justos. Los niños necesitan comprender las normas que se les exigen.
Las normas y los límites son importantes porque:
- Dan seguridad.
- Enseñan cuáles son las conductas adecuadas.
- Son un aprendizaje fundamental para la vida adulta.
- Ayudan a establecer relaciones.



¿CÓMO SE ESTABLECEN?



A la hora de establecer normas y límites, es muy importante
- Que sean claros, sencillos y positivos, así se informa a los niños de qué se espera de ellos y cuándo.
- El niño debe conocer el momento en que se va a aplicar y las condiciones que conlleva
- Deben formularse de manera positiva, así informarán de lo que hay que hacer, no de lo que no se debe hacer.
- Hay que ser firme y mostrarse amable, a la vez que le miramos a los ojos mientras les damos las instrucciones de forma clara.
- Ser consistente, deben hacerse cumplir de manera constante y siempre en las mismas circunstancias, si no es así, generarán confusión en los niños
- Hacer a los niños partícipes en el establecimiento de normas, de esta forma favoreceremos el desarrollo del autocontrol.



RABIETAS:

¿QUÉ SON?

Son comportamientos coléricos mediante los que el niño manifiesta su incapacidad para hacer o conseguir algo que desea. Se consideran una parte normal del desarrollo del niño de 1 a 3 años y la tendencia es a la desaparición hacia los 4 años.
Los niños utilizan las rabietas para conseguir lo que desean, llamar la atención o manipular nuestras decisiones.
¿POR QUÉ SE PRODUCEN?

Su origen suele estar en un conflicto entre los deseos de autonomía del niño y las limitaciones que se le imponen a una edad en la que no posee un desarrollo suficiente para expresar con palabras sus necesidades o sentimientos. En cansancio, estar enfermos o hambrientos, son causas que propician la aparición de rabietas.
También los niños las utilizan porque tuvieron éxito con ellas anteriormente.
Hay rabietas voluntarias e involuntarias. Las primeras, son aquellas en las que los niños tratan de llamar nuestra atención o manipular nuestras decisiones. Las involuntarias son aquellas que se manifiestan cuando el niño no puede manejar o verbalizar sus emociones de manera adecuada. En este caso, podemos ofrecerles consuelo y ayuda.

¿CÓMO EVITARLAS?

Lo primero que debemos hacer, es evitar las situaciones o circunstancias que pueden ser fuente de frustración o facilitar la aparición de rabietas, como hambre, sueño, etc.Debemos establecer normas razonables y no cambiarlas, para que el niño conozca perfectamente dónde están sus límites.Las reglas deben ser siempre las mismas, independientemente de quién esté al cuidado del niño en cada momento.Cada vez que el niño tenga comportamientos positivos, debemos reforzarle.Enseñarle a verbalizar sus sentimientos y a encontrar formas adecuadas de expresar su enfado.Ya que los niños aprenden de los padres, enseñarles con el ejemplo, evitando gritar o discutir delante del niño.Ofrecer al niño, siempre que sea posible, varias opciones de elección, aceptando su decisión y dejando que experimente las consecuencias de la misma.Avisar con tiempo al niño cuando vaya a producirse un cambio de actividad para que pueda hacerse a la idea.

¿CÓMO ACTUAR ANTE UNA RABIETA?

Lo más importante es mantener el control y la calma. No regañar ni gritar al niño. Tampoco hay que intentar razonar con él ya que, en ese momento, no nos va a escuchar. Nunca debemos concederle lo que quería, ya que estaríamos reforzando la conducta. Tampoco hay que ofrecer premios o recompensas para que deje la rabieta.En las fases iniciales de la rabieta, podemos intentar distraerle desviando su atención hacia otras cosas. Si no se logra controlar la rabieta, se puede adoptar una actitud de indiferencia e ignorar la conducta del niño sin manifestar enfado.Es conveniente darle un tiempo para que se le pase. Si se está en casa, llevarle a su habitación y aislarle de toda actividad durante un tiempo (nunca más minutos de la edad que tenga). Durante ese tiempo no hay que regañarle ni hablarle.Si ocurre en un lugar público, hay que intentar llevarle a un lugar tranquilo y, en caso de mostrar una actitud agresiva, controlarlo físicamente, pero sin hablarle ni mirarle.Una vez terminada la rabieta, no se le debe castigar ni gritar, si no darle seguridad y afecto, pero sin mimarle en exceso ni darle ningún tipo de premio, explicándole lo inadecuado de su comportamiento.

EL CASTIGO:

Es una de las medidas mas frecuentes. Un castigo repetido muchas veces, pierde su poder corrector. El castigo como respuesta ante una rabieta, demuestra que estamos dedicándole al niño toda nuestra atención y, aunque no consiga lo que quería, si logra convertirse en el centro de atención.
Lo que debemos hacer, es reforzar las conductas positivas y hacerle caso y alabarle cuando su comportamiento es el adecuado.


LA FRUSTRACIÓN:

Es, ante todo, un signo de crecimiento. El niño esta desarrollando el sentido de ser una persona con derechos personales, preferencias y estrategias: quiere reafirmarse y es adecuado que lo haga. Su cabezonería es señal de que esta creciendo y de que se siente lo suficientemente seguro como para intentar manejar las cosas por sí mismo.
La frustración puede ser causada por:
- Los adultos: por mucho que respetes los sentimientos de tu hijo, habrá ocasiones en las que tengas que evitar que haga algo que no quieres o hacer cosas que por él mismo no escogería. Cuando más cómodamente puede sobrellevar las obligaciones, más aprenderá de ellas.
- Otros niños: Los niños pequeños a menudo están interesados por otros niños de su edad, pero en ocasiones, se frustran mutuamente y hieren los sentimientos de los otros debido a la falta de empatía. Las habilidades sociales se desarrollan con la práctica. No esperes que los niños manejen las situaciones por sí mismos. Necesitan que los adultos mantengan la paz y que les expliquen las cosas a cada uno.
- Por objetos: los objetos que el niño quiere utilizar, no se comportan como a él le gustaría. Las batallas con estos objetos a menudo son educativas. Con ellas, el niño averigua lo que el objeto puede o no hacer. Un poco de frustración de este tipo hará que el niño siga indagando y aprendiendo; sin embargo, mucha frustración puede causar el efecto contrario. Debemos ayudarles cuando veamos que el niño se frustra cada vez más. Intentaremos ver cual es el problema y le ofreceremos un mínimo de ayuda para que pueda tener éxito.
- Por su propio cuerpo y su tamaño: cuando un niño comprende para que sirve un objeto y como hacer que funciones, pero no es lo suficiente grande o fuerte para manejarlo. En este tipo de situaciones, no hay aprendizaje, solo frustración y abandono. Si quieres que se siente competente para manejar su mundo, es importante que sus cosas estén a su escala.